Los escribas de antes solían decir: ·” En el periodismo no se gana mucho, tampoco se trabaja, pero uno se divierte”.

Yo siempre quise estudiar derecho, pero las clases en la universidad en mi juventud eran como en el colegio. Había que asistir mañana y tarde y yo no podía darme ese lujo, pues me case muy joven y tenía que trabajar por mis obligaciones.

Entonces decidido a cambiar el mundo con mi pluma, estudie periodismo (podía hacerlo de 6 de la tarde a 10 de la noche) en la antigua Escuela de Periodismo de la Universidad Católica en la novena cuadra del Jirón Camaná.

Termine mis estudios en 1962 y Pepe Velásquez uno de mis profesores, me invito a comenzar en La Prensa, pero don Pedro Beltrán pagaba muy poco a los escribas que se iniciaban, por lo que rehusé la invitación.

Yo trabajaba entonces en una Agencia de Viajes, tramitando pasaportes y visas.

A mediados de julio de 1963, llego a mis manos para una renovación de visa, el pasaporte de Guillermo Cortez Núñez, el popular y multifacético “Cuatacho”, que abordaba cualquier tema, pero sobre todo escribía vibrantes crónicas sobre deportes y tauromaquia, con las que yo me deleitaba.

“Esta es mi oportunidad” me dije e hice rápidamente en dos días la renovación de la visa en la Embajada de Estados Unidos. Llamé a Cortez Núñez que trabajaba en el diario Ultima Hora y le dije que tenía un problema con la visa, por lo que necesitaba hablar personalmente con él.

En realidad, era una piadosa mentira, pues yo quería conocerlo personalmente para pedirle me recomendara a trabajar en algún medio.

“Vengase de inmediato me dijo” y cuando llegue al periódico en la Calle Baquíjano del Jirón de la Unión “Cuatacho” ya me esperaba ansioso en la puerta.

¿Qué pasa con mi visa?, pregunto.

“Nada señor Cortez e incluso ya la tengo renovada”, le contesté.

“Entonces porque ch……usted me jode”, me espetó como buen characato que era.

Para darle en su ego, le contesté: “Es que yo quería conocerlo personalmente, primero para felicitarlo por su brillante pluma, y segundo porque quiero que usted me dé una mano para trabajar en este vespertino o cualquier otro medio”.

“De qué parte es usted”, me dijo.

“Soy de la Provincia de Bolognesi, su capital Chiquián en Áncash, la tierra de Luis Pardo el Robin Hood peruano”, le conteste.

“Eres un serrano pendejo” me dijo y agregó:

“Estoy viajando a Estados Unidos, por encargo de Genaro Delgado Parker, para ver cómo funcionan los noticieros en Nueva York, porque Genaro quiere renovar El Panamericano del Canal 5. Búsqueme usted a mi regreso en el Canal a partir del del 15 de agosto próximo”.

Desde entonces yo contaba los días para que llegue la segunda quincena de agosto, mientras mi esposa me decía en broma: “Seguro vas a participar en alguna telenovela, pero preparando el escenario”.

Por fin llegó la fecha esperada y busqué a “Cuatacho” en la “Esquina del Movimiento”, entre la Av. Arequipa y Mariano Carranza y allí lo encontré como director del noticiero “El Panamericano”.

Me presento a Richard Müller que hacía cables, y me dijo: “El será su jefe inmediato y que le explique cómo es el trabajo” y agrego:

“Lea usted bien los cables, que generalmente están bien redactados para que aprenda” añadiendo con sorna arequipeña; “Si hasta Müller hace cables, usted por qué no va a poder hacer lo mismo”.

La televisión fue así el primer medio donde comencé a hacer periodismo hace 57 años, el 18 de agosto de 1963.Desde entonces como soy “medio gitano”, he pasado por varios medios escritos, televisivos, radiales y agencias noticiosas.

En los últimos años he hecho “periodismo institucional”, donde “sí se trabaja, pero se gana”.

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