Por: Justo Linares

A las 5 y 28 de la madrugada de hoy martes 4, Pedro Cateriano habló por última vez en el Congreso. Sus palabras, sin duda alguna, anticiparon el fin de su brevísimo paso por el premierato, de apenas diecinueve días. Habló con firmeza por siete minutos, con tono de resignación y despedida. A las 6:20, el presidente Manuel Merino dio a conocer el dramático resultado, 37 a favor, 54 en contra y 34 abstenciones. Constitucionalmente, Cateriano no era más jefe del gabinete.

No le falló el viejo olfato político a Cateriano, fogueado desde hace treinta años en los quehaceres de la cosa pública, primero como congresista vargallosista, luego ministro de Defensa y premier con Humala (2015-2016) y repitente en este último frustrado cargo en el vizcarrismo.

En esos siete minutos, rompió lanzas contra la hiperinflación durante Alan García (1985-1990). Alzando la voz, dijo que no quería que se repitiera esa experiencia, ni “la quiebra económica del Estado”, refiriéndose al gobierno izquierdista de Venezuela, puntillazo contra la dureza con que lo trató la bancada de Frente Amplio, la noche anterior.

Pero donde la estaca de la intriga, fue cuando Cateriano se refirió, soterradamente, a la “advertencia o amenaza” que habría recibido personalmente, de un “dame que te doy”, es decir la cabeza del ministro de Educación Carlos Benavides, a cambio del voto de confianza.

Esta versión empezó a correr como creciente rumor al caer la tarde del lunes. Algunos comentaristas afines a palacio de Gobierno aseveraron que se trataba de un chantaje al premier.

Cateriano fue más allá, reveló esta madrugada, que al escoger al ministro Benavides, creyó, en común acuerdo con el presidente Vizcarra, ratificar el apoyo a la reforma universitaria. Viene al caso recordar que Benavides Abanto fue el primer superintendente Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU), organismo que desata las iras de grupos promotores de universidades que no han recibido licenciamiento para seguir funcionando.

A las 4:32 de hoy, Benavides habló por diez minutos. Casi todo ese tiempo lo dedicó a explicar el escándalo político causado por la fracasada adquisición de un millón de “tablets” para escolares. Dijo que le indignó al saber que la empresa encargada de venderle al Estado “incurrió en fraude”, por cuyo motivo se suspendió el contrato y el proceso de compra cayó a cero. El ministro a quien querían descabezar, dijo enfáticamente que, ahora, se haría una compra directa. Ahí nomás ha quedado su propósito, en el infierno de las frustradas intenciones.

Cateriano dejó en el suelo su espada, cuando al final de su breve discurso, dijo que viendo la corriente parlamentaria mayoritaria en su contra, acataría el resultado y se iría tranquilamente a su casa.

Así llegaba a su fin una sesión que empezó a las 9:30 am del lunes y terminó a las 6:20 de la mañana de hoy.

Sin duda, Cateriano erró al leer su discurso, excesivamente largo y lleno de proyectos imposibles de cumplirse en los pocos meses que faltan para que termine el actual gobierno. Cuando el presidente del Congreso le dio el uso de la palabra, le adelantó que tenía dos horas para hacer su exposición. El ex premier habló por tres horas y media, casi el doble de lo concedido.

Llamó poderosamente la atención que la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, fuera una de las figuras del gobierno más golpeadas por los congresistas, a raíz de los desastrosos resultados del manejo vizcarrista de la pandemia; pero ya fuera del local del Congreso, algunos parlamentarios sugirieron que podría ser la futura primera ministra.

La votación del Voto de Confianza fue un auténtico sancochado en donde la peor troncha se la llevó a pulso la bancada de Acción Popular, hecha añicos: 4 votos a favor, siete en contra y doce abstenciones.

La bancada acuñista de Alianza para el Progreso fue la sorpresa de la noche. Sus legisladores se desgañitaron criticando al premier; pero a la hora del voto, los 22 se abstuvieron. Buena lavada de manos. Si ellos favorecían a Cateriano, éste hubiera conseguido 57 votos; pero…

De igual modo, los fujimoristas repartieron sus votos así: doce a favor y dos en contra.

Y el bloque etnohumalista de Unión por el Perú, partido fundado por Javier Pérez de Cuéllar hace 25 años, también se dividió. Uno a favor y doce en contra.

Los demás, votaron en bloque, sin disidentes: el bloque religioso de FREPAP 13 en contra; Podemos 11 en contra; Somos Perú 11 a favor; morados 9 a favor; Frente Amplio 7 en contra y dos congresistas “no agrupadas” votaron en contra.

El antiguo local del parlamento, que abrió sus puertas en 1907, se desocupó esta mañana, muy rápido, apenas conocido el resultado. Todos sus ocupantes se hundieron en la húmeda y fría ciudad, atmósfera propicia para la primera gran derrota del presidente Vizcarra en su antológico enfrentamiento con ese poder del Estado. Es Justo.

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