Un prolijo y contundente reportaje del portal digital Utero.pe puso al descubierto las flaquezas de un mal uso de periodismo ligero en el Perú y fuera de él, advirtiendo, al mismo tiempo, del riesgo a que los consumidores de noticias estamos expuestos al leer y creer a pie juntillas las noticias que publican, asumiendo como verdaderos hechos no comprobados por sus periodistas.

Es una verdad de Perogrullo afirmar que esta irresponsable manera de ejercer el periodismo es, lamentablemente, el mal de estos tiempos. Principalmente, debido al vertiginoso avance de las nuevas tecnologías de información, y la multiplicación de redes sociales al alcance y uso de cualquiera que tenga un celular. Es frecuente en estos espacios que circulen las llamadas News Fakes o noticias falsas, compartidas por cualquiera sin verificar fuentes, ni datos y menos interesarse si son verdaderas.

Ocurre que hace meses la Agencia Andina de Noticias, del estado peruano, presentaba al joven peruano, Jorge Cuyubamba, como una eminencia científica que en China había desarrollado una vacuna universal contra todos los coronavirus, codeándose con los mejores científicos del país asiático, generando, desde luego, reconocimiento y alivio en medio de esta pandemia. Las entrevistas al sorprendente científico se multiplicaron en otros medios importantes de la capital, saltando, incluso, hasta la cadena de noticias CNN, catapultándolo internacionalmente. Con el tiempo se descubrió que, al parecer, todo resultó falso y engañoso, al punto de todos esos medios se apresuraron a borrar las entrevistas en sus respectivos portales, incluyendo CNN. La Agencia Andina y el Canal N, pidieron disculpas por el error cometido.

¿Qué ocurrió? Simple ligereza en el ejercicio del periodismo actual. Los jóvenes suelen tomar las cosas a la ligera. No investigan. Se confían mucho de sus hallazgos en Google y en otras plataformas. Son adictos a las redes y han perdido el dulce encanto del pasado de acudir a las fuentes mismas, allí donde ocurren los hechos y nacen las noticias. Es común encontrar periodistas, al medio día, en sus salas de redacción, pegados a sus computadoras, actitud que hace algunas décadas era inimaginable y considerada una herejía. A esa hora las salas de redacción, con sus máquinas de escribir y carillas sobre la mesa, permanecían vacías y empezaban a poblarse al caer la tarde. Los periodistas trotaban calles, plazas y oficinas en busca de sus noticias. Por suerte, no había Internet ni se soñaba con redes sociales.

También ha cambiado la actitud de quienes ejercen el noble oficio del periodismo. Los de hoy, salvo honrosas excepciones, son altaneros, desde muy jóvenes, tutean a sus entrevistados, persiguen a los ambulantes en abierta competencia con la policía o los inspectores municipales, te ponen, sin empacho, el micrófono en la cara buscando las respuestas que ellos quieren escuchar. No preguntan, juzgan, atropellan, califican. No dejan turco con cabeza. Sin embargo, creemos que la culpa mayor para que esta lamentable realidad exista la tienen sus jefes de información, editores, directores; es decir, quienes tienen los cargos de responsabilidad de ser el filtro de que ello no suceda y que las noticias que se publican sean la verificadas y creíbles. Ellos son responsables, aupados en el sistema, que el amarillismo en la prensa haya ganado en tono y color en el ejercicio de la prensa actual. Lo cual es lamentable.

Javier Darío Restrepo, periodista y escritor colombiano, con más de 30 libros publicados sobre ética periodística entre otros, decía que para los periodistas la palabra verdad significa fidelidad a los hechos sobre los que se informa. Precisaba algo más sobre la verdad. “Deben ser –decía– verdades útiles para la sociedad; deben responder a sus intereses y no solo a su curiosidad. Otro elemento de la verdad del periodista es que debe ser completa. No responde solamente a lo que sucede, también debe explorar el por qué, el para qué, el dónde, el quién, el cómo de los hechos. Es decir, debe ser completa para que constituya un sólido elemento de juicio en el momento de decidir” Y luego se preguntaba: “¿Se puede alcanzar? Es obligación del periodista hacer cuanto esté a su alcance para obtener una visión exacta de los hechos. En esto consiste su compromiso con la verdad”. Sé que el Colegio de Periodistas de Lima ha tomado conocimiento del caso del “científico” Cuyubamba y a partir de esta experiencia tendrá un pronunciamiento ético. Por ahora, me quedo aquí.

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